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La IA no cambia lo que hace que te encuentren

Jose CartagenaJUN '268 min
Una dispersión de fragmentos sobre fondo oscuro, uno de ellos resaltado.

La IA no ha cambiado lo que hace que te encuentren.

Lo que sí ha cambiado es la cantidad de gente que viene a explicarte lo contrario. Que si hay que optimizar tu web para la IA, que si la tuya no está lista para ChatGPT, que si el GEO es el nuevo SEO y más vale que te pongas ya. El mensaje de fondo es siempre el mismo: ha aparecido un juego nuevo, vas tarde, y por suerte hay quien te lo monta.

Conviene bajar el ritmo, porque la mayor parte de ese ruido vive de una confusión. Es cierto que algunos clientes han cambiado cómo buscan: a veces, antes de teclear en Google, le preguntan a un chat. Lo que no ha cambiado es lo que decide si tu empresa aparece en esa respuesta. Eso sigue dependiendo de lo de siempre, y casi todo lo que se vende como una capa nueva por encima es humo de esta temporada.

Vale la pena separar las dos cosas con calma, porque es justo ahí —en confundir un cambio de hábito con un cambio de reglas— donde se pierde el dinero.

Qué ha cambiado de verdad, y qué no

Lo que ha cambiado es real, y no tiene sentido negarlo. Un director comercial que hace tres años llegaba a ti después de buscar en Google, hoy puede haber empezado preguntándole a una IA "¿qué opciones tengo para una empresa como la mía?" y plantarse en la primera reunión con tres nombres ya en la cabeza. El primer contacto se ha movido un paso antes, y muchas veces ni te enteras de que ha ocurrido.

Lo que no ha cambiado es de dónde sale esa respuesta. Cuando una IA te menciona, no te ha elegido por arte de magia: ha ido a la web indexada de siempre, ha recuperado las páginas que su buscador considera relevantes y fiables, y ha citado a partir de ahí. No hay una puerta trasera ni un canal paralelo al que apuntarse. Para que una IA te cite, primero tienen que poder encontrarte, y tienes que ser creíble por los mismos criterios que llevan años decidiendo quién sale en una búsqueda. Es, otra vez, la misma historia: la tecnología nueva no sustituye la base, la da por supuesta.

Entonces, ¿de dónde sale tanta prisa? De que alrededor de cada tecnología que asusta lo suficiente se monta una industria que necesita venderte una capa nueva. Si el problema fuera “haz bien lo de siempre”, no habría gran cosa que facturar. Si el problema es “ha cambiado todo y necesitas un especialista en IA para tu web”, entonces sí. La urgencia no nace de cómo funciona la búsqueda; nace de quién gana explicándote que no la entiendes.

Y eso cambia la pregunta que te conviene hacerte. No es "¿qué tengo que hacer distinto para la IA?": esa pregunta ya da por hecho que hay un juego nuevo y te empuja al modo pánico. Es "¿me siguen encontrando, y sigo siendo de calidad, por lo de siempre?". Si la respuesta es sí, ya estás haciendo la mayor parte del trabajo. Si es no, ninguna optimización para IA lo va a tapar.

Si lo que te hace citable es la calidad de siempre, la pregunta lógica es qué hace que tu contenido sea, en concreto, ese material que una IA elige citar.

Qué le tienes que pedir a tu contenido para que te citen

Una IA que le responde a un cliente no reparte menciones al azar: elige qué fuentes vale la pena resumir. Y elige más o menos por lo mismo que un buscador lleva años premiando, así que la pregunta no es nueva, solo se ha vuelto más visible.

Lo primero es tener algo propio que decir. El contenido que se repite en cien sitios no se cita: se promedia. Si tu página sobre, pongamos, cómo elegir un proveedor en tu sector dice exactamente lo que dirían otras cincuenta, no hay razón para que nadie —ni una persona ni un modelo— te señale a ti antes que a cualquiera de las otras. La prueba que conviene pasarle a cada página es incómoda pero rápida: ¿esto lo podría haber escrito cualquiera, o solo alguien que ha estado de verdad en esto?

Y aquí está la buena noticia, que casi nadie aprovecha: tú tienes a ese “alguien que ha estado en esto”. Tu empresa acumula criterio que no está publicado en ninguna parte —cómo decidís entre dos opciones, qué error cometisteis una vez y ya no, por qué descartáis lo que el resto del sector da por bueno—. Esa es la materia prima que te hace distinto, y casi siempre se queda en conversaciones internas mientras la web repite generalidades. Lo que te vuelve citable no es producir más, es publicar lo que sabéis y nadie más puede decir.

Lo cual lleva al tercer punto, que va a contracorriente del reflejo habitual. Ante “quiero que la IA me encuentre”, la reacción típica es "hay que sacar más contenido": más posts, más páginas, más volumen. Es justo el movimiento equivocado. Diez páginas genéricas no te hacen más visible que una, te hacen más diluido. Una sola página con criterio real pesa más que un blog entero de relleno. El esfuerzo va en densidad, no en cantidad —es, dicho sea de paso, el criterio con el que está escrito esto que estás leyendo—.

Al final, la decisión sobre tu propia web cabe en una pregunta: ¿dice algo que solo nosotros podemos decir, o repite lo que ya está en todas partes? Si es lo segundo, ningún ajuste técnico para la IA lo va a arreglar. Si es lo primero, ya estás haciendo lo que de verdad mueve la aguja —en la IA y en todo lo demás—.

Qué puedes ignorar sin culpa

Si ahí es donde de verdad se juega que te encuentren, conviene mirar la otra cara: todo lo que te venden como imprescindible y que, en realidad, puedes ignorar sin que pase nada. Y se puede ignorar por una razón única, no por una lista de cinco: si lo que te hace citable es la calidad de siempre, cualquier capa que se venda como específica “para la IA” sobra por definición. No es que cada truco sea malo en sí; es que casi ninguno toca lo que decide si sales en la respuesta.

Con ese principio en la mano, el catálogo de supuestos imprescindibles se ordena solo. El GEO o AEO presentado como una disciplina nueva que contratar aparte del SEO. Los ficheros especiales tipo llms.txt para “decirle a la IA cómo leerte”. El consejo de trocear tu contenido en piezas mínimas para que el modelo lo digiera, o de reescribir lo que ya tienes "para el modelo". La agencia que te ofrece optimizarte para ChatGPT como si fuera un servicio distinto. Todo eso comparte el mismo defecto: promete actuar sobre un canal que no funciona como te lo pintan.

Lo llamativo es quién lo confirma. No hace falta fiarse de un consultor —que siempre podría querer quitarte trabajo de encima—: lo dice la parte que más ganaría vendiéndote complejidad. En su guía oficial sobre la búsqueda con IA, Google viene a decir que optimizar para sus funciones de IA generativa es, sencillamente, seguir haciendo buen SEO, y señala varios de esos supuestos trucos —los ficheros especiales, el troceado, reescribir solo para los modelos— como cosas que puedes dejar de lado. Cuando quien pone el buscador te dice que no necesitas el atajo, el atajo no era el camino.

Así que la decisión aquí es sencilla, y es sobre todo una decisión de qué no contratar. Ignorar esa capa no es quedarse atrás ni un descuido del que arrepentirse: es no pagar por una capa que no hace nada. El presupuesto que no se va ahí es presupuesto que puede ir a lo único que sí sirve —tener algo propio que decir y una web sana que lo sirva—.

Descontado el ruido, queda una sola pregunta práctica antes de mover tu estrategia por la IA: ¿tu cliente decide ahí? Hoy, en B2B, el número de personas que llegan a tu web desde un chat de IA es todavía marginal frente a las que llegan por una búsqueda normal. Puede crecer —probablemente crecerá—, pero tomar decisiones grandes sobre un canal que aún es testimonial es ponerse el problema del revés.

Y mientras tanto, la base —tener algo propio que decir y una web limpia que lo sirva— ya te rinde en los dos frentes a la vez: el buscador de siempre y la respuesta de la IA. Inviertes una vez y sirve para ambos, sin coste extra. Esa capa de extras, en cambio, no te rinde en ninguno. Esa es la regla que te puedes llevar: lo que funciona para que te encuentren hoy es lo mismo que funcionará cuando la IA pese de verdad.

Lo que te vendían como una carrera nueva era, en el fondo, la de siempre —solo que con mucho más ruido alrededor—. Así que la pregunta con la que conviene mirar tu web no es si está lista para la IA, sino otra más vieja y más útil: ¿esto rinde en los dos frentes, o estoy pagando por el de nadie?

Jose Cartagena, fundador de Metodya
Jose CartagenaFundador de Metodya

Más de 26 años dirigiendo áreas comerciales y de marketing en empresas B2B tecnológicas e industriales.

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